Friday, 10 August 2012

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Uno entre tantos


Sucedió un lunes al atardecer
Yo manejaba,
me dirigía hacia casa
Lo ví y no lo quería creer.

Paré el auto, decidí salirme
para que el parabrisas
no se interpusiera
entre los dos.

Ahí estaba él, de frente.
Y cuando su sombra
casi me alcanzaba, lo noté.
  No era más que una penumbra
Y no porque estaba oscuro,
sino, porque estaba enfermo.

Era quizás su corazón, sus hojas lívidas.
Cambiaban su color,
algunas, caían con la brisa.

El otoño había llegado.
Y empecé a entristecer.
Era inevitable, el invierno estaba cerca.

Era contagiante aquel ambiente,
todos lloraban hojas,
en cambio yo, lloraba rocío.

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