Uno entre tantos
Sucedió un
lunes al atardecer
Yo manejaba,
me dirigía
hacia casa
Lo ví y no lo
quería creer.
Paré el auto,
decidí salirme
para que el
parabrisas
no se
interpusiera
entre los dos.
Ahí estaba él,
de frente.
Y cuando su
sombra
casi me
alcanzaba, lo noté.
Y no porque
estaba oscuro,
sino, porque
estaba enfermo.
Era quizás su
corazón, sus hojas lívidas.
Cambiaban su
color,
algunas, caían
con la brisa.
El otoño había
llegado.
Y empecé a
entristecer.
Era
inevitable, el invierno estaba cerca.
Era
contagiante aquel ambiente,
todos lloraban
hojas,
en cambio yo,
lloraba rocío.
No comments:
Post a Comment